miércoles, 27 de octubre de 2010


El arte bizantino es una expresión artística que se configura a partir del siglo VI, fuertemente enraizada en el mundo helenístico, como continuadora del arte paleocristiano oriental. En sus primeros momentos, Bizancio se consideró como el continuador natural, en los países del Mediterráneo oriental, del Imperio romano, siendo transmisor de formas artísticas que influyen poderosamente en la cultura occidental medieval. Los períodos del arte bizantino se ajustan, como es natural, a las grandes fases de su historia política

Arte Carolingio


El Arte Carolingio es el denominativo para el florecimiento artístico que, promovido por Carlomagno y su corte, dio nueva vida al arte de Europa Occidental que había llegado a un punto de extremo agotamiento.

Arquitectura
Los conocimientos sobre la arquitectura carolingia de la que se conservan escasos monumentos, se basan en pruebas documentales, como grabados y dibujos, y sobre todo en datos procedentes de excavaciones que han permitido reconstruir la planta de algunos edificios. Las construcciones más importantes de la época carolingia son de tipo basilical, como la Basílica de Saint-Denis, de tres naves y que fue reedificada con caracteres góticos en el siglo XII. También es importante destacar las construcciones de planta central con bóvedas de origen oriental, como la Capilla Palatina de Aquisgrán, comenzada en el 798 y consagrada en el 805, inspirada en la iglesia de san Vital de Rávena.

También de planta central es la de Germigny-des-Prés.

La gran aportación carolingia es la construcción de monasterios benedictinos como el plano del monasterio de Sankt Gallen (Abadía de San Galo|Saint Gall), que se conoce a través de un dibujo. Son importantes las abadías de Corvey y de Fulda, así como el pórtico de Lorsch.
La miniatura carolingia está representada por diversidad de escuelas:

Escuela palatina. Creada en la corte, ejemplificada en el Evangeliario de la Coronación (Viena), que según la tradición fue hallado por Otón III del Sacro Imperio Romano Germánico|Otón III a los pies del cadáver de Carlomagno, cuando se abrió su sepulcro; y Evangeliario de San Medardo de Soissons (Biblioteca nacional de Francia).
Escuela de Ada. Relacionada con la anterior, emplea abundantemente el oro y la plata. Destaca el Evangeliario de Godescalco (Godesscalc o Godescalc) que se conserva en la Bibl. Nal. de Francia.
Escuela de Tours. Gira en torno a la figura de Alcuino, pariente de Carlomagno. Se siente influencia irlandesa. Su obra más importante es la primera de las Biblias de Carlos el Calvo (Bibl. Nal. de Francia).
Escuela de Reims. Marca la evolución hacia el románic

Escultura
La escultura queda limitada a una función decorativa discreta, en capiteles clásicos donde la piedra toma protagonismo en lugar del mármol.

Quedan varias pequeñas tallas en marfil: las del "grupo de Ada", nombre de una hermana de Carlomagno, las del grupo de Liutardo (British Museum) y los de la escuela de Metz.

En el Museo del Louvre puede verse una pequeña estatua ecuestre en bronce de Carlomagno.

Entre las artes aplicadas, destaca la orfebrería, con esmaltes de influencia bizantina. Entre las piezas que se conservan de la época, cabe mencionar:

Arte Islamico


Por arte islámico se conoce el estilo artístico desarrollado en la cultura generada por la religión islámica.

El arte islámico tiene una cierta unidad estilística, debido al desplazamiento de los artistas, comerciantes, mecenas y obreros. El empleo de una escritura común en todo el mundo islámico y el desarrollo de la caligrafía refuerzan esta idea de unidad. Concedieron gran importancia a la geometría y a la decoración que podía ser de tres tipos:

Epigrafía: mediante versículos del Corán.
Lacería: mediante líneas entrelazadas formando estrellas o polígonos.
Ataurique: mediante dibujos vegetales.
En arquitectura, crearon edificios con funciones específicas tales como mezquitas y madrazas

Bajo los Omeyas, la arquitectura religiosa y civil crece con la introducción de nuevos conceptos y diseños. De este modo, el plano árabe, con patio y sala de oración hipóstila, se convierte en un plano-modelo a partir de la construcción, en el lugar más sagrado de la ciudad de Damasco - en el antiguo templo de Júpiter y en el lugar donde estuvo la Basílica de San Juan Bautista - de la Gran Mezquita de los Omeyas. El edificio fue un importante hito para que los constructores (y los historiadores del arte) situaran allí el nacimiento del plano árabe. Sin embargo, recientes trabajos de Myriam Rosen-Ayalon nos sugieren que el plano árabe nació un poco antes, con el primer proyecto que se hizo para construir la Mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén.[6]

La Cúpula de la Roca en Jerusalén es, sin duda, uno de los edificios más importantes de toda la arquitectura islámica, caracterizado por una fuerte influencia bizantina ( mosaicos con fondo de oro, plano centrado que recuerda el del Santo Sepulcro ), pero que ya tiene elementos puramente islámicos, como el gran friso con inscripciones religiosas del Corán.[7] Su modelo no se propagó, y el que Oleg Grabar considera como el primer monumento que fue una gran creación estética del islam,[8] quedó sin posteridad.[9]

Los Castillos del desierto en Palestina nos ofrecen mucha información sobre la arquitectura civil y militar de la época, aunque su función exacta está aún en estudio: ¿parada para las caravanas, lugares de descanso, residencias fortificadas, palacios con fines políticos que permitían la reunión entre el califa y las tribus nómadas? Los especialistas se esfuerzan por descubrirla, y parece que su uso ha variado en función del lugar donde se encuentren.[10] Anjar fue una ciudad encontrada completa y que nos informa sobre un tipo de urbanismo aún muy cercano al de la antigua Roma, con cardo y decumano, como en Ramla.[11]

Además de la arquitectura, los artesanos trabajaban la cerámica, a menudo no esmaltada
La Arquitectura adopta muchas formas diferentes en el mundo islámico, a menudo osos relación con la religión musulmana: la mezquita es una de ellas, pero la madrasa y los lugares de retiro son también edificios típicos de los países del islam adaptados a la práctica del culto.[47]

Los tipos de edificios varían mucho según los períodos y las regiones. Antes del siglo XIII, en la cuna del mundo árabe, es decir, en Egipto, en Siria, en Iraq y en Turquía, casi todas las mezquitas siguen el llamado plano árabe,[48] con un gran patio y una sala de oración hipóstila, pero que varían enormemente en su decoración e incluso en sus formas: en el Magreb las mezquitas adoptaron un plano en «T» con naves perpendiculares a la qibla, mientras que en Egipto y Siria las naves son paralelas. Irán tiene sus propias especificidades como el uso del ladrillo y la decoración en estuco y cerámica,[49] el uso de formas particulares a menudo tomadas del arte Sasánida como los Iwan ( porches de entrada abiertos por un gran arco ) y el arco persa.

Arte Mozarabe


Mozárabo (del árabe musta 'rab 'arabizado'), referido a una persona o individuo, sería el cristiano hispánico que vivió en territorio musulmán en el periodo que abarca desde la invasión árabe (711) hasta finales del siglo XI conservando su religión y una cierta autonomía eclesiástica y judicial. Inicialmente puede decirse que lo fueron todos los habitantes de la Península Ibérica, pues todos ellos quedaron sometidos al poder musulmán y todos, con excepción de las aljamas judías, profesaban la religión cristiana.

Las comunidades de mozárabes mantuvieron para la práctica de sus ritos religiosos algunos de los templos visigodos anteriores a la ocupación musulmana y raramente construyeron otros nuevos, pues, si bien existía una determinada tolerancia religiosa, estaban muy limitadas las autorizaciones para erección de nuevas iglesias. En todo caso, éstas se levantaron en el medio rural o en los suburbios urbanos, y siempre de modesta factura.

Cuando las condiciones de vida en la al-Ándalus musulmana se fueron haciendo menos soportables y, por el contrario, los reinos cristianos del norte de la península iniciaban una expansión necesitada de contingentes humanos que colonizasen las tierras conquistadas, algunos de aquellos mozárabes optaron por emigrar hacia los territorios que se les ofrecían. A su cultura hispanogoda se le fueron superponiendo elementos de la musulmana y es de suponer que aportasen a los recientes reinos cristianos elementos innovadores en todos los ámbitos. Lo que no resulta razonable es que se les atribuya toda la iniciativa artística llevada a cabo en los reinos del norte durante el siglo X.

Concluida la primera fase del proceso artístico que se engloba generalmente en el amplio concepto de «prerrománico» y que se corresponde con el arte hispano-visigodo, se inicia en España otra corriente estilística, heredera en muchos aspectos de la anterior, que se conoce como «arte asturiano» y que se identifica con las realizaciones artísticas que fueron produciéndose durante el siglo IX en los llamados «núcleos de resistencia», en concreto en los territorios que conformaron el reino de Asturias. Pero la actividad artística, en general, y arquitectónica, en especial, no se redujo a esa zona ni a ese siglo, sino que abarcó todo el norte peninsular y tuvo continuidad durante el siglo siguiente.

El desplazamiento de la frontera cristiano-musulmana a la cuenca del Duero impulsó la construcción de nuevos templos (obras en las que se concentraba toda la capacidad artística disponible) a demanda de las necesidades de repoblación. Los pujantes reinos septentrionales estaban en condiciones de abordar aquella tarea, como así lo venían haciendo, sin depender de las hipotéticas contribuciones de los incorporados mozárabes, por lo que no cabe pensar que todas las edificaciones religiosas y todas las realizaciones artísticas se debieran a estos inmigrados mayoritariamente rurales que, por otra parte, llegaban en precariedad de medios y de recursos. No parece que estuvieran en condiciones de llevar a cabo grandes logros artísticos quienes apenas habían dejado alguna muestra de ello en su lugar de procedencia

Pintura Romana

Los romanos admiraban la pintura griega tanto como la escultura, y animaban a los artistas que trabajaban para ellos a hacer copias de obras griegas especialmente famosas o populares. Los romanos tendían más que los griegos a decorar sus paredes con pinturas murales, y aunque siguen la tradición griega, muestran en sus pinturas un gran colorido y movimiento. Las pinturas, con figuras individuales, grupos o paneles enteros, se reproducían, se adaptaban, estropeaban o embellecían según el talento de los artistas y las exigencias del cliente.

Los procedimientos usados en esta pintura debieron ser el encausto, el temple y el fresco. Aunque se sabe que los romanos desarrollaron la pintura sobre tabla, los restos pictóricos conocidos más importantes son de tipo mural, frescos protegidos con una capa de cera que avivaba los colores.

Sus géneros, el decorativo de vajillas y muros y el histórico y mitológico en los cuadros murales. Y aunque los descubiertos hasta el presente ofrecen más que todo un carácter decorativo llegan a ser verdaderas composiciones pictóricas y se juzga con fundamento que hubo también otros de pintura independiente a semejanza de los actuales de tabla o de caballete. Se cultivaron con dicho carácter decorativo mural el paisaje, la caricatura, el retrato, los cuadros de costumbres, las imitaciones arquitectónicas y las combinaciones fantásticas de objetos naturales constituyendo con estas últimas el género que los artistas del Renacimiento llamaron grutesco, hallado en las antiguas Termas de Tito y que sirvió al célebre Rafael como fuente de inspiración para decorar las Logias del Vaticano. Hay que citar los retratos pintados. En el Egipto romano se descubrió una excelente colección de retratos sobre tabla, realizados para ser colocados sobre las momias. Igualmente en Pompeya, y pintados al fresco, se descubrieron magníficos retratos como los del Panadero y su esposa, o el de una muchacha, ambos en el Museo de Nápoles.

Arquitectura Romana


Los antiguos griegos no sintieron afición por esta clase de diversiones, y, sin embargo, la forma del edificio procede de la del teatro griego. En efecto, un anfiteatro no es más que la reunión de dos teatros acoplados, y existen referencias de ciertos teatros giratorios en que las escenas podían desaparecer y, juntándose, convertirse los dos edificios en un solo anfiteatro. La gradería, pues, daba la vuelta a todo su alrededor y estaba dividida en varios pisos.
El Anfiteatro Flavio, el mayor de todos los del mundo romano, tiene cuatro pisos, y el más alto estaba resguardado interiormente por una galería de columnas. Casi todo él está construido de piedra labrada; las bóvedas ya son de mortero concrecionado, y en la planta baja tiene un pórtico monumental del que arrancan las escaleras que conducen a los pisos superiores; una combinación muy hábil de estas escaleras permite la salida en pocos minutos a los cuarenta mil espectadores que podía contener el edificio. Exteriormente, el Anfiteatro Flavio reproduce el mismo tipo monumental del teatro de Marcelo, con su elegante superposición de los tres órdenes arquitectónicos: dórico el inferior, jónico el segundo y corintios los dos más altos, lo que le quita monotonía; por otra parte, los tres inferiores están abiertos con arcadas, que disminuyen la impresión de pesadez de tan enorme masa.
Frente al grandioso anfiteatro y contrastando con aquel que los romanos han acabado por llamar Colosseo, se levanta todavía un gracioso arco de triunfo, testimonio de las campañas de Tito en Asia. Se terminó seguramente en tiempos de Domiciano, y su excelente situación en lo alto de un promontorio del terreno lo hace aparecer como la verdadera entrada del antiguo Foro romano. Para conmemorar las campañas de Tito bastó un pequeño arco de líneas sencillísimas, y, sin embargo, aquel monumento se erigió para recordar uno de los hechos más importantes de la historia del mundo: la toma y destrucción profetizadas de la Jerusalén rebelde el año 70 d.C.
Exteriormente, el arco tiene poca decoración, sólo unos relieves en el friso y en las enjutas de la entrada, pero en el paso de la puerta hay otros dos relieves que son el testimonio auténtico de los resultados maravillosos que podía conseguir el arte romano en aquella época. Son dos esculturas del género que ha sido llamado relieves históricos. En uno de ellos aparece el cortejo triunfal con la cuadriga y el carro del emperador, precedido de dos figuras: una con casco, la cual sostiene la brida de los caballos, al parecer personificación de Roma, y otra de un genio semidesnudo, hoy decapitado, que debía de ser la misma representación del Senatus o del Populus romano que se encuentra ya en el friso del Ara Pacis.
En el segundo relieve está representada otra parte del cortejo triunfal: un grupo de sirvientes que llevan los utensilios del templo de Jerusalén como trofeos de guerra: la mesa para los panes de la propiciación, los vasos y trompetas del culto judaico y, por fin, el famoso candelabro de los siete brazos, tal como lo describe Josefo, con su vastago central, del cual arrancan los otros seis, que, a modo de tridente, se encorvan para llegar todos a una misma altura. Lo más interesante de estos dos relieves es la hábil combinación de las figuras de bulto entero del primer término con las dibujadas simplemente en el relieve plano del fondo; entre ambos queda una capa de aire que produce una extraordinaria ilusión de perspectiva.
Esta particularidad, que apenas se notaba en los relieves del Ara Pacis y mucho menos en el friso del Partenón, donde todas las figuras estaban en un solo plano, empieza a manifestarse en el período helenístico, pero no tiene su completo desarrollo hasta Roma, y particularmente en la época de los Flavios. La policromía que sin duda tuvieron los relieves del arco de Tito debió de contribuir no poco a este efecto de ilusionismo y perspectiva. Son obras que contradicen también la vieja teoría de la uniformidad del arte romano imperial y su falta de originalidad, reproduciendo únicamente motivos griegos. No sólo la arquitectura, con los grandes edificios de bóvedas colosales, fue original en el arte romano, sino que prosiguió también la evolución ascendente incluso en la técnica puramente artística.

Arquitectura Barroca

En la arquitectura barroca se adoptan las líneas curvas frente a las rectas ya que así consiguen un mayor efecto de dinamismo y expresividad.

Las fachadas adquieren la máxima importancia en su arquitectura ya que en ella se suelen volcar los mayores empeños decorativos mediante numerosas cornisas y columnas griegas, romanas y salomónicas. Por el predominio de los elementos decorativos sobre los constructivos, se puede decir que el estilo barroco es más una forma de decoración arquitectural que un estilo de arquitectura.
En Italia la máxima figura fue Gian Lorenzo Bernini.

Destacan:
- Las superficies onduladas
- Las plantas elípticas
- Las trabazones interrumpidas.
Todo ello acompañado de una exageración de la monumentalidad.

La última etapa de la arquitectura barroca se conoce con el nombre de Rococó.

En la arquitectura barroca española destacan autores como José de Churriguera (retablo de San Esteban de Salamanca), José de Ribera y arquitectos del s. XVIII como Hipólito Rovira, Casas Novoa y Leonardo de Figueroa